domingo, 1 de julio de 2012

EgoEstima





Trato de recordar algún momento allá lejos donde no tenía idea de la existencia del autoestima. Uno empieza a descubrirse, a detectar lo que es suyo, su cuerpo. Pero lo que me sorprende es que uno comienza a calificarse, a cuantificar el valor que nos damos. 


Dudo si existiría la autoestima de no ser por enfrentarnos a otros. Y ahí es cuando descubro lo estúpida que puede resultar la crueldad humana. Me cuesta imaginarme solo en medio de la nada pensando "La verdad es que no valgo nada en comparación a ese árbol". Bastaría con aceptar mi existencia y la del árbol paralelamente y sin tener que talarlo o subirme a el para sentirme más alto.


La comparación me resulta tediosa. Probablemente fui perdiendo ese espíritu competitivo que me caracterizaba, porque no tengo en claro adonde voy a llegar con eso. Puedo sentirme bien conmigo mismo sin necesidad de que otro deba sentirse menos bien, como si fuera un bien escaso y valioso en disputa.


En mis deseos utópicos, los desgraciados se perciben sin juicios de valor. Los agraciados no se sienten agraciados y las cosas son como son, nada más ni nada menos. Nos ahorraríamos horas de desvelo y dejaríamos de ser mártires.


El famoso ego se construyó para defendernos de "algo". Mientras se agranda o se achica el de unos y otros, la estima acompaña este proceso como puede, con sus vastos recursos.


Los míos están frezados como Walt Disney con un cartel de "Estamos trabajando por usted", desde siempre fue así. Me costó construir mi ego desde muy chico, me costó adaptarme, pertenecer y entender. Mi autoestima fluctuante finalmente se estabilizó.




Es parte de la vida tener que lidiar con eso. Nadie está exento, podemos ser vulnerables o no, canalizar los miedos o dibujarlos, pero es una condición humana.


Más allá del daño intencional o no que haga o que me hagan, lo importante es trabajar en eso, y posiblemente sería mucho mejor ayudar a trabajar en eso.


Si en definitiva me cuestiono "¿Que quiero demostrar?" seguramente cantarían un par de grillos. Mi respuesta es no darnos (ni que nos den) ni más ni menos valor, aspiremos a valorar la vida mejor, ¿ok?.






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